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Historia

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La ciudad de Guadalajara fue fundada por los árabes, en algún momento de la segunda mitad del siglo VIII o de la primera mitad del siglo IX. Fue, en principio, una fortaleza en la frontera, emplazada entre el mundo árabe y el mundo cristiano,llamada "Wad-al-Hayara", es decir, "valle de los castillos" o "valle de las piedras". En sus cercanías había existido un emplazamiento romano, cuyo nombre, Arriaca, puede tener el mismo significado. Las excavaciones arqueológicas más recientes revelan en su entorno yacimientos aun más antiguos, del periodo Calcolítico y del Bronce.

La historia de Guadalajara durante la dominación islámica es poco conocida. Proceden de aquella época el puente sobre el río Henares y, en parte, las ruinas del Alcázar, en el camino que sube desde el río hasta el casco viejo de la población. Según parece, la ciudad alcanzó cierto esplendor en el siglo X, en todo caso limitado por su situación en un territorio que casi siempre estuvo en pie de guerra.

Plano de 1810En 1085, Guadalajara fue conquistada por el rey castellano Alfonso VI. Las crónicas atribuyen la hazaña a uno de los compañeros del Cid, Alvar Fáñez de Minaya. Desde 1085 hasta la batalla de las Navas de Tolosa en 1212, que causó el retroceso definitivo de los ejércitos musulmanes, la historia de la ciudad refleja el curso de las guerras contra los almorávides y almohades. La nueva población cristiana logró establecerse definitivamente en el territorio y formó una extensa comunidad de pastos, bajo la jurisdicción de Guadalajara, según confirma el fuero concedido por el rey Alfonso VII en 1133.

En 1219, Fernando III concedió un nuevo fuero, el fuero largo, a la ciudad. Durante el reinado de Alfonso X, la protección el rey aseguró el desarrollo económico de la población, mediante la defensa de sus comerciantes y la autorización de sus ferias y mercados, que aún se celebran. En la segunda mitad del siglo XIV se estableció en Guadalajara la familia Mendoza, cuyo destino en adelante marcó el de la ciudad misma. Entre los miembros de esta familia figuran Iñigo López de Mendoza, el marqués de Santillana (1398-1458), y Pedro González de Mendoza (1428-1495), gran cardenal de España y consejero de los Reyes Católicos. El ascenso de los Mendoza, que desde 1475 llevan el título de duques del Infantado, trajo consigo el de la ciudad. La corte señorial actuaba de motor económico de la vida urbana. En 1460, el rey Enrique IV concedió a la población el título de ciudad y aseguró su voto en Cortes. A lo largo del siglo XVI se logró una época de auge.

Guadalajara sufrió especialmente las consecuencias de la crisis general del siglo XVII.Los Mendoza trasladaron su sede a Madrid; la quiebra y la despoblación amenazaron la supervivencia de la ciudad. A comienzos del siglo XVIII, Guadalajara, saqueada durante la guerra de Sucesión, vivió su peor momento. El favor del rey Felipe V logró evitar la ruina completa, mediante el establecimiento de la Real Fábrica de Paños, que hasta principios del siglo XIX asegura el crecimiento de la población.

Durante la primera mitad del siglo XIX el desarrollo de la ciudad se detuvo otra vez. Primero, como consecuencia de los daños causados por la guerra de Independencia (1808-1813), después por el cierre de la Real Fábrica de Paños, en 1822. En adelante, hasta la segunda mitad de nuestro siglo, Guadalajara sobrevive gracias a su función administrativa, como capital de provincia y sede de instituciones públicas, entre ellas, la Academia de Ingenieros Militares, desde 1840. El crecimiento, aunque lento, transforma la población, que alcanza los 11.000 habitantes en 1900. La huella de aquella época, de prosperidad relativa, puede verse aún en la arquitectura residencial de la calle Mayor. Con éxito, una generación de profesores y escritores emprende en el tránsito del siglo XIX al XX el fomento cultural y educativo de la población. Se organizaron en torno al Ateneo Caracense y el Centro Volapükista Español, dedicado al fomento del volapük, una lengua universal, antecesora del esperanto.

La falta de desarrollo industrial limitó hasta bien entrado el siglo XX las posibilidades de la ciudad. Después de la Guerra Civil (1936-1939) y hasta 1959 transcurrieron veinte años difíciles. En 1959 Guadalajara fue incluida en los planes de desarrollo como polígono de descongestión industrial de Madrid. Aunque ese desarrollo se ha producido lentamente, la ciudad ha logrado en los últimos años una de los mayores tasas de crecimiento relativo de España.

En la actualidad dos hechos marcan la vida de Guadalajara. En primer lugar, Guadalajara se halla en la periferia del área metropolitana de Madrid, en el extremo del área de expansión urbana e industrial del llamado "corredor del Henares". En segundo lugar, la evolución económica ha provocado una grave despoblación de la provincia. En esta situación, la ciudad se enfrenta, consciente, al riesgo de convertirse en un núcleo marginal de la metrópolis madrileña y lucha por alcanzar un crecimiento equilibrado. Una reciente encuesta sobre la salud de la población revela entre los habitantes un alto grado de satisfacción por su calidad de vida.



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Portada del Palacio del Infantado 

Detalle de la portada del Palacio del Infantado 

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